Cuando corregir errores se convierte en parte normal del trabajo

 

En muchas empresas existe una capacidad que, a primera vista, parece admirable:

Son extraordinariamente buenas resolviendo problemas.

Un pedido salió incorrecto y alguien lo corrige.

Un cliente recibió información equivocada y el equipo reacciona.

Una máquina vuelve a fallar y mantenimiento interviene.

Un documento contiene errores y alguien lo rehace.

Un producto no cumple con lo esperado y se ajusta antes de entregarlo.

El problema se resuelve y la operación continúa.

Hasta aquí, todo parece funcionar.

La dificultad aparece cuando los mismos problemas vuelven a presentarse una y otra vez y la organización comienza a considerar normal dedicar parte de su tiempo a corregirlos.

Entonces ya no estamos solamente ante buenos solucionadores de problemas.

Estamos ante una empresa que puede haberse acostumbrado al retrabajo.

Corregir no necesariamente significa solucionar

Existe una diferencia importante entre corregir una consecuencia y eliminar la causa que la provoca.

Si cada semana aparece el mismo error y cada semana alguien lo corrige, probablemente hemos desarrollado una excelente capacidad de reacción.

Pero el problema continúa existiendo.

Pensemos en una fuga de agua.

Podemos colocar permanentemente un recipiente debajo y vaciarlo cada vez que se llena.

El agua deja de provocar daños inmediatos.

Pero nadie afirmaría que la fuga quedó reparada.

Algo similar ocurre dentro de las organizaciones.

Atender el efecto permite continuar. Identificar y eliminar la causa permite mejorar.

El retrabajo tiene un costo que pocas veces calculamos

Cuando una actividad debe realizarse nuevamente, normalmente observamos el problema evidente: tiempo adicional.

Pero el costo puede ser considerablemente mayor.

Un error puede requerir:

  • localizar qué ocurrió;
  • detener otra actividad;
  • solicitar información;
  • corregir documentos;
  • repetir operaciones;
  • utilizar nuevamente materiales;
  • obtener autorizaciones;
  • contactar al cliente;
  • reprogramar entregas;
  • revisar nuevamente el trabajo.

Y mientras varias personas están ocupadas resolviendo aquello que ya debería haberse realizado correctamente, dejan de trabajar en actividades que podrían generar nuevo valor.

Por eso el retrabajo no solamente cuesta dinero.

También consume capacidad.

Cuando el problema se vuelve cotidiano dejamos de verlo

Uno de los mayores riesgos aparece cuando una falla se repite durante tanto tiempo que termina formando parte de la rutina.

“Siempre tenemos que revisar nuevamente esos pedidos.”

“Ese reporte normalmente viene con errores.”

“Hay que confirmar porque luego se equivocan.”

“Cada fin de mes sucede lo mismo.”

“Así funciona ese proceso.”

Estas expresiones deberían llamar nuestra atención.

Porque cuando una organización incorpora una corrección permanente dentro de su manera normal de trabajar, puede terminar administrando el problema en lugar de eliminarlo.

Y cuanto más tiempo permanece esa situación, más difícil resulta cuestionarla.

Los héroes operativos también pueden ocultar problemas

En muchas empresas existen personas extraordinariamente capaces para resolver emergencias.

Cuando algo falla, todos saben a quién llamar.

Conocen la operación, reaccionan rápidamente y consiguen que las cosas vuelvan a funcionar.

Ese talento tiene un enorme valor.

Pero existe un riesgo.

Si continuamente reconocemos a quienes apagan incendios y dedicamos poca atención a quienes evitan que comiencen, podemos construir una cultura donde resolver urgencias sea más visible que prevenirlas.

La excelencia operativa no consiste en tener mejores bomberos.

Consiste en reducir progresivamente la cantidad de incendios.

Preguntar quién se equivocó rara vez es suficiente

Cuando ocurre una falla, una reacción frecuente es buscar inmediatamente al responsable.

¿Quién cometió el error?

En determinados casos será necesario establecer responsabilidades.

Pero esa pregunta, por sí sola, puede resultar insuficiente.

También deberíamos investigar:

¿Por qué el proceso permitió que este error ocurriera?

Quizá las instrucciones no eran suficientemente claras.

Tal vez existían dos maneras diferentes de realizar la misma actividad.

Podría faltar una verificación importante.

La información pudo llegar incompleta.

El responsable quizá recibió prioridades contradictorias.

O posiblemente estamos exigiendo un resultado para el cual el proceso nunca fue adecuadamente diseñado.

Encontrar a la persona que cometió el último error no necesariamente identifica la causa que permite que diferentes personas puedan cometerlo nuevamente.

Los problemas repetitivos contienen información valiosa

Cada falla recurrente está diciendo algo sobre la operación.

Nos está mostrando dónde existe variabilidad, falta de claridad, desperdicio, una condición inadecuada o un proceso que necesita ser revisado.

Por eso una organización debería prestar especial atención a aquello que se repite.

No solamente a los grandes problemas.

También a esas pequeñas correcciones cotidianas que parecen insignificantes:

un dato que siempre falta;

una autorización que constantemente retrasa el proceso;

un formato que debe corregirse;

una entrega que regularmente necesita ajustes;

una información que alguien tiene que volver a solicitar.

Individualmente pueden parecer pequeños inconvenientes.

Acumulados durante meses, pueden representar cientos de horas de capacidad desperdiciada.

Mejorar comienza por hacer visible lo que hemos normalizado

No es posible mejorar aquello que ya dejamos de considerar un problema.

Por eso uno de los primeros ejercicios de excelencia operativa consiste en observar la operación con una pregunta diferente:

¿Qué actividades realizamos únicamente porque algo no salió correctamente la primera vez?

La respuesta puede sorprender.

Correcciones.

Inspecciones adicionales.

Capturas duplicadas.

Aclaraciones.

Reprocesos.

Devoluciones.

Reprogramaciones.

Seguimientos extraordinarios.

Todos ellos pueden ser síntomas de oportunidades de mejora.

El objetivo no debería ser simplemente realizar esas correcciones con mayor rapidez.

Debería ser preguntarnos por qué continúan siendo necesarias.

De reaccionar mejor a necesitar reaccionar menos

Toda empresa enfrentará problemas.

Pretender una operación donde nunca ocurra una desviación sería poco realista.

La diferencia está en lo que hacemos después.

Una organización puede resolver el problema, continuar trabajando y esperar hasta que vuelva a suceder.

O puede utilizar esa situación para aprender, identificar causas y modificar la forma de trabajar para disminuir la posibilidad de repetición.

Ahí comienza una diferencia importante entre operar y mejorar la operación.

La excelencia operativa no consiste únicamente en trabajar más, producir más o reaccionar más rápido.

También implica construir procesos cada vez más estables, previsibles y capaces de entregar resultados correctos con menor desperdicio.

Una pregunta para observar su empresa de manera diferente

Durante los próximos días, preste atención a las conversaciones cotidianas de su organización.

Cada vez que escuche:

“Otra vez pasó…”

deténgase un momento.

Puede parecer solamente otro problema que debe resolverse.

Pero también puede ser una señal de algo mucho más importante:

un problema que la empresa aprendió a corregir, pero todavía no ha aprendido a eliminar.

Y cuando corregir errores se convierte en parte normal del trabajo, quizá ha llegado el momento de dejar de preguntar únicamente cómo resolverlos más rápido y comenzar a preguntar:

¿Qué necesitamos cambiar para que no vuelvan a ocurrir?

 

Biblioteca Ejecutiva Impulsa y Crece®
Excelencia Operativa

Lic. Pablo Corona Díaz
Fundador & CEO de Impulsa y Crece®
Creador del Sistema Impulsa 360®
Asesor y Capacitador Empresarial