El arte de conectar con las personas a través de las
palabras
Por el Lic. Pablo Corona
Impulsa y Crece
¿Cuántas veces nos hemos encontrado frente a alguien
importante sin saber qué decir?
Puede tratarse de una entrevista de trabajo, una reunión con
un cliente, una primera cita, un evento de networking o incluso una reunión
familiar. Todo parece fluir... hasta que, de pronto, aparece el silencio.
Un segundo.
Dos segundos.
Y entonces nuestro cerebro entra en estado de alerta.
Comenzamos a buscar desesperadamente un tema de
conversación. Hablamos del clima, preguntamos algo por compromiso o contamos
una anécdota que ni siquiera resulta interesante. La conversación pierde
naturalidad y sentimos que hemos desperdiciado una gran oportunidad para
conectar.
La mayoría piensa que conversar bien es un talento con el
que se nace.
La realidad es muy distinta.
Hace más de dos mil años, los antiguos griegos descubrieron
que una buena conversación no depende de tener una memoria extraordinaria ni de
conocer miles de temas. Depende de dominar un principio muy sencillo: saber
construir sobre lo que la otra persona ya puso sobre la mesa.
Los grandes filósofos como Sócrates comprendían que las
mejores conversaciones no se tratan de hablar mucho, sino de despertar el
interés del otro mediante preguntas inteligentes y una escucha genuina.
El secreto está en encontrar el hilo
Imagine que la otra persona menciona una sola palabra.
Esa palabra puede convertirse en el inicio de una
conversación de veinte minutos.
Por ejemplo:
—"Este fin de semana fui a Guadalajara."
La mayoría respondería:
—"Qué bien."
Y la conversación termina.
Sin embargo, utilizando el método griego, esa sola palabra
("Guadalajara") se convierte en múltiples posibilidades.
Podría preguntar:
- ¿Qué
fue lo que más disfrutaste de tu viaje?
- ¿Fuiste
por trabajo o por placer?
- ¿Hay
algún lugar que recomendarías visitar?
- ¿Cada
cuánto acostumbras viajar?
- ¿Cuál
ha sido el mejor viaje que has realizado?
Observe que ninguna de estas preguntas cambia de tema.
Todas siguen el mismo hilo.
La conversación continúa de forma natural.
Cada palabra abre una nueva puerta
Supongamos que alguien comenta:
—"Mi hija acaba de entrar a la universidad."
En lugar de responder únicamente:
—"Felicidades."
Puede profundizar.
- ¿Qué
carrera eligió?
- ¿Siempre
quiso estudiar eso?
- ¿Cómo
fue el proceso para decidirse?
- ¿En
qué universidad ingresó?
- ¿Cómo
se sienten como familia con esta nueva etapa?
Ahora imagine que responde:
—"Estudia Arquitectura."
La palabra importante ahora es "Arquitectura".
Podría preguntar:
- ¿Siempre
le gustó el diseño?
- ¿Tiene
algún arquitecto que admire?
- ¿Qué
tipo de construcciones le llaman más la atención?
La conversación comienza a crecer como las ramas de un
árbol.
Una respuesta genera otra.
Y otra.
Y otra más.
Eso precisamente hacían los filósofos griegos.
El error que comete la mayoría
Muchas personas creen que conversar consiste en impresionar.
Hablan demasiado de sí mismas.
Interrumpen.
Cambian constantemente de tema.
O sienten la necesidad de demostrar cuánto saben.
Paradójicamente, las personas más agradables para conversar
suelen ser aquellas que hablan menos y escuchan mejor.
Porque hacen sentir importante al otro.
Y ese es un principio fundamental de las relaciones humanas.
Temas que ayudan a construir conversaciones
Cuando apenas estamos conociendo a alguien, existen temas
que suelen generar confianza y cercanía.
Por ejemplo:
- Viajes.
- Libros.
- Cine
o series.
- Gastronomía.
- Tecnología.
- Deportes.
- Música.
- Hobbies.
- Mascotas.
- Emprendimiento.
- Experiencias
profesionales.
- Aprendizajes
personales.
- Proyectos
futuros.
Estos temas permiten descubrir intereses en común sin
invadir la privacidad de la otra persona.
Temas que conviene evitar al inicio
No todos los temas son adecuados cuando apenas comienza una
conversación.
Es recomendable evitar:
- Política.
- Religión.
- Problemas
económicos.
- Enfermedades
personales.
- Críticas
hacia otras personas.
- Conflictos
familiares.
- Temas
altamente polarizartes.
- Chismes
o rumores.
Esto no significa que nunca puedan abordarse.
Simplemente requieren un nivel de confianza que aún no
existe.
La regla de oro del Método Griego
Existe una pregunta que cambia por completo la calidad de
cualquier conversación.
En lugar de pensar:
¿Qué voy a decir ahora?
Pregúntese:
¿Qué puedo descubrir de esta persona?
Ese pequeño cambio transforma la ansiedad en curiosidad.
Y cuando sentimos verdadera curiosidad por alguien, las
preguntas aparecen solas.
Conversar no es hablar...
Es conectar.
Las mejores conversaciones no se recuerdan porque alguien
habló durante una hora.
Se recuerdan porque alguien nos hizo sentir escuchados.
Los antiguos griegos entendieron que el poder de las
palabras no estaba en convencer, sino en comprender.
Hoy, más de dos mil años después, ese principio sigue siendo
igual de poderoso.
La próxima vez que se quede en blanco durante una
conversación, no busque desesperadamente un nuevo tema.
Escuche la última palabra que dijo la otra persona.
Ahí encontrará el siguiente camino.
Porque toda gran conversación comienza con una sola
palabra... y continúa con el interés genuino por conocer a quien tenemos
enfrente.
En un mundo donde todos quieren ser escuchados, quien
aprende a escuchar con inteligencia siempre tendrá una ventaja.
Y esa ventaja puede abrir puertas en los negocios, fortalecer relaciones personales y convertir una simple charla en una oportunidad para cambiar una vida. Espero haya sido interesante este articulo y si le gusto por favor compártalo, me ayuda mucho para seguir publicando artículos de interés. Gracias
