Las empresas no fracasan por falta de talento, fracasan
por falta de dirección
Por el Lic. Pablo Corona
Impulsa y Crece
¿Cuántas veces hemos escuchado frases como estas?
"Mi personal no está comprometido."
"La gente ya no se pone la camiseta."
"Es muy difícil encontrar buenos
colaboradores."
"El problema son las nuevas generaciones."
Con frecuencia, cuando una empresa enfrenta dificultades, la
explicación más sencilla consiste en señalar a las personas.
Sin embargo, después de trabajar con organizaciones de
diferentes tamaños y sectores, he comprobado que esa explicación rara vez
representa la verdadera causa del problema.
La mayoría de las empresas no fracasan porque carezcan de
personas talentosas.
Fracasan porque esas personas trabajan sin una dirección
clara.
Y cuando no existe dirección, incluso el mejor talento
termina perdiendo su potencial.
El talento necesita dirección
Imagine una embarcación equipada con el mejor motor, la
tecnología más avanzada y una tripulación altamente capacitada.
Ahora imagine que nadie sabe hacia dónde navegar.
¿Qué ocurrirá?
Probablemente todos trabajarán intensamente.
Consumirán combustible.
Invertirán tiempo.
Se desgastarán.
Pero difícilmente llegarán al destino correcto.
Algo muy parecido sucede dentro de muchas organizaciones.
Las personas trabajan.
Asisten a reuniones.
Cumplen horarios.
Atienden clientes.
Resuelven problemas.
Sin embargo, al finalizar el mes, los resultados no reflejan
el esfuerzo realizado.
No porque falte talento.
Sino porque falta dirección.
Confundir actividad con productividad
Uno de los errores más frecuentes en las organizaciones
consiste en pensar que estar ocupado significa estar avanzando.
Es común encontrar equipos que trabajan durante toda la
jornada y, aun así, los proyectos importantes permanecen estancados.
¿Por qué sucede?
Porque la actividad sin dirección produce desgaste.
La dirección convierte esa actividad en resultados.
Un líder no mide únicamente cuánto trabaja su equipo.
También se asegura de que cada esfuerzo contribuya al
objetivo estratégico de la organización.
Cuando la dirección es clara, el talento florece
Las personas necesitan saber tres cosas para desempeñarse
con excelencia:
- ¿Qué
esperamos de ellas?
- ¿Por
qué es importante su trabajo?
- ¿Cómo
contribuye su esfuerzo al éxito de la empresa?
Cuando estas respuestas no existen, aparecen la
incertidumbre, la frustración y la desmotivación.
En cambio, cuando el propósito es claro, las prioridades
están definidas y el liderazgo mantiene una comunicación constante, el talento
encuentra el espacio adecuado para desarrollarse.
El verdadero problema casi nunca está donde creemos
Con frecuencia escuchamos comentarios como:
"Hay que cambiar al personal."
"Necesitamos contratar gente mejor."
"Nadie quiere trabajar."
Antes de llegar a esa conclusión, conviene hacerse una
pregunta mucho más profunda:
¿Nuestra organización ofrece las condiciones necesarias
para que las personas den lo mejor de sí?
Esta pregunta cambia completamente la perspectiva.
Porque obliga a dejar de buscar culpables para comenzar a
analizar el sistema.
Y ahí es donde aparece el liderazgo.
Un principio que toda empresa debería recordar
Con el paso de los años he llegado a una conclusión que
considero fundamental para cualquier organización:
Cuando una empresa pierde el rumbo, el primer lugar donde
debe buscar respuestas no es en sus colaboradores, sino en la calidad de su
dirección.
Las personas necesitan dos elementos para alcanzar
resultados extraordinarios:
Claridad.
Y liderazgo.
Cuando ambos existen, el compromiso aumenta, la comunicación
mejora y los resultados comienzan a reflejar el verdadero potencial del equipo.
El liderazgo no consiste en dar órdenes
Todavía existen organizaciones donde se piensa que dirigir
significa supervisar permanentemente, corregir errores y exigir resultados.
El liderazgo moderno va mucho más allá.
Un verdadero líder ayuda a su equipo a comprender el
propósito de su trabajo.
Genera confianza.
Escucha.
Comunica expectativas.
Elimina obstáculos.
Y crea las condiciones necesarias para que las personas
puedan desarrollar todo su talento.
La diferencia parece pequeña.
Pero sus efectos son enormes.
Una empresa siempre refleja la calidad de su liderazgo
Los clientes perciben el liderazgo.
Los colaboradores perciben el liderazgo.
Los proveedores perciben el liderazgo.
Incluso los resultados financieros terminan reflejando la
calidad del liderazgo que existe dentro de una organización.
Por eso, cuando una empresa desea mejorar sus resultados, el
primer paso no consiste en cambiar a las personas.
Consiste en revisar cómo está liderando.
Porque los equipos no solamente responden a las
instrucciones.
Responden, sobre todo, al ejemplo, a la claridad y a la
confianza que reciben de quienes los dirigen.
Reflexión para nuestros lectores
El liderazgo no se demuestra cuando todo marcha bien.
Se demuestra cuando una organización enfrenta incertidumbre,
cambios constantes y decisiones difíciles.
En esos momentos es cuando la dirección marca la diferencia
entre un equipo que simplemente trabaja y otro que avanza con un propósito
claro.
En Impulsa y Crece creemos que toda empresa puede
mejorar cuando decide fortalecer la calidad de su liderazgo. Esa convicción
inspira cada una de las ediciones que conforman esta Biblioteca Ejecutiva.
Nos encontraremos en la próxima edición para analizar el
costo invisible de un liderazgo deficiente, un problema que afecta
silenciosamente la productividad, el clima laboral, el servicio al cliente y la
rentabilidad de muchas organizaciones sin que sus directivos siempre sean
conscientes de ello.
Hasta la próxima edición.
