Serie: Toda empresa puede mejorar. Edición No. 002

 

Las empresas no fracasan por falta de talento, fracasan por falta de dirección

Por el Lic. Pablo Corona
Impulsa y Crece


¿Cuántas veces hemos escuchado frases como estas?

"Mi personal no está comprometido."

"La gente ya no se pone la camiseta."

"Es muy difícil encontrar buenos colaboradores."

"El problema son las nuevas generaciones."

Con frecuencia, cuando una empresa enfrenta dificultades, la explicación más sencilla consiste en señalar a las personas.

Sin embargo, después de trabajar con organizaciones de diferentes tamaños y sectores, he comprobado que esa explicación rara vez representa la verdadera causa del problema.

La mayoría de las empresas no fracasan porque carezcan de personas talentosas.

Fracasan porque esas personas trabajan sin una dirección clara.

Y cuando no existe dirección, incluso el mejor talento termina perdiendo su potencial.

 

El talento necesita dirección

Imagine una embarcación equipada con el mejor motor, la tecnología más avanzada y una tripulación altamente capacitada.

Ahora imagine que nadie sabe hacia dónde navegar.

¿Qué ocurrirá?

Probablemente todos trabajarán intensamente.

Consumirán combustible.

Invertirán tiempo.

Se desgastarán.

Pero difícilmente llegarán al destino correcto.

Algo muy parecido sucede dentro de muchas organizaciones.

Las personas trabajan.

Asisten a reuniones.

Cumplen horarios.

Atienden clientes.

Resuelven problemas.

Sin embargo, al finalizar el mes, los resultados no reflejan el esfuerzo realizado.

No porque falte talento.

Sino porque falta dirección.

 

Confundir actividad con productividad

Uno de los errores más frecuentes en las organizaciones consiste en pensar que estar ocupado significa estar avanzando.

Es común encontrar equipos que trabajan durante toda la jornada y, aun así, los proyectos importantes permanecen estancados.

¿Por qué sucede?

Porque la actividad sin dirección produce desgaste.

La dirección convierte esa actividad en resultados.

Un líder no mide únicamente cuánto trabaja su equipo.

También se asegura de que cada esfuerzo contribuya al objetivo estratégico de la organización.

  

Cuando la dirección es clara, el talento florece

Las personas necesitan saber tres cosas para desempeñarse con excelencia:

  • ¿Qué esperamos de ellas?
  • ¿Por qué es importante su trabajo?
  • ¿Cómo contribuye su esfuerzo al éxito de la empresa?

Cuando estas respuestas no existen, aparecen la incertidumbre, la frustración y la desmotivación.

En cambio, cuando el propósito es claro, las prioridades están definidas y el liderazgo mantiene una comunicación constante, el talento encuentra el espacio adecuado para desarrollarse.

 

El verdadero problema casi nunca está donde creemos

Con frecuencia escuchamos comentarios como:

"Hay que cambiar al personal."

"Necesitamos contratar gente mejor."

"Nadie quiere trabajar."

Antes de llegar a esa conclusión, conviene hacerse una pregunta mucho más profunda:

¿Nuestra organización ofrece las condiciones necesarias para que las personas den lo mejor de sí?

Esta pregunta cambia completamente la perspectiva.

Porque obliga a dejar de buscar culpables para comenzar a analizar el sistema.

Y ahí es donde aparece el liderazgo.

 

Un principio que toda empresa debería recordar

Con el paso de los años he llegado a una conclusión que considero fundamental para cualquier organización:

Cuando una empresa pierde el rumbo, el primer lugar donde debe buscar respuestas no es en sus colaboradores, sino en la calidad de su dirección.

Las personas necesitan dos elementos para alcanzar resultados extraordinarios:

Claridad.

Y liderazgo.

Cuando ambos existen, el compromiso aumenta, la comunicación mejora y los resultados comienzan a reflejar el verdadero potencial del equipo.

 

El liderazgo no consiste en dar órdenes

Todavía existen organizaciones donde se piensa que dirigir significa supervisar permanentemente, corregir errores y exigir resultados.

El liderazgo moderno va mucho más allá.

Un verdadero líder ayuda a su equipo a comprender el propósito de su trabajo.

Genera confianza.

Escucha.

Comunica expectativas.

Elimina obstáculos.

Y crea las condiciones necesarias para que las personas puedan desarrollar todo su talento.

La diferencia parece pequeña.

Pero sus efectos son enormes.

 

Una empresa siempre refleja la calidad de su liderazgo

Los clientes perciben el liderazgo.

Los colaboradores perciben el liderazgo.

Los proveedores perciben el liderazgo.

Incluso los resultados financieros terminan reflejando la calidad del liderazgo que existe dentro de una organización.

Por eso, cuando una empresa desea mejorar sus resultados, el primer paso no consiste en cambiar a las personas.

Consiste en revisar cómo está liderando.

Porque los equipos no solamente responden a las instrucciones.

Responden, sobre todo, al ejemplo, a la claridad y a la confianza que reciben de quienes los dirigen.

 

Reflexión para nuestros lectores

El liderazgo no se demuestra cuando todo marcha bien.

Se demuestra cuando una organización enfrenta incertidumbre, cambios constantes y decisiones difíciles.

En esos momentos es cuando la dirección marca la diferencia entre un equipo que simplemente trabaja y otro que avanza con un propósito claro.

En Impulsa y Crece creemos que toda empresa puede mejorar cuando decide fortalecer la calidad de su liderazgo. Esa convicción inspira cada una de las ediciones que conforman esta Biblioteca Ejecutiva.

Nos encontraremos en la próxima edición para analizar el costo invisible de un liderazgo deficiente, un problema que afecta silenciosamente la productividad, el clima laboral, el servicio al cliente y la rentabilidad de muchas organizaciones sin que sus directivos siempre sean conscientes de ello.

Hasta la próxima edición.