El éxito no siempre depende de trabajar más, sino de
pensar mejor.
Por: Lic. Pablo Corona
Impulsa y Crece
En un mundo donde todos corren, producen, venden, estudian y
trabajan sin detenerse, pocas personas se toman el tiempo para analizar si
realmente están avanzando hacia donde desean llegar. La realidad es que el
problema no suele ser la falta de esfuerzo; el problema es la falta de
dirección.
A lo largo de mi trayectoria como asesor empresarial y
capacitador, he comprobado que existen principios muy sencillos que, cuando se
entienden y se aplican, transforman por completo nuestra manera de trabajar,
aprender, resolver problemas y tomar decisiones.
Hoy quiero compartir cinco leyes que considero
indispensables para cualquier persona que aspire a crecer profesionalmente,
fortalecer su empresa o simplemente vivir con mayor inteligencia.
1. Ley de Pareto: deja de enfocarte en las cosas que no
te dan resultado
La mayoría de las personas vive convencida de que entre más
trabaje, mejores resultados obtendrán. Sin embargo, la realidad demuestra
exactamente lo contrario.
La Ley de Pareto nos enseña que debemos dejar de
enfocarnos en las cosas que no nos dan resultado y concentrarnos en ese 20% de
acciones que nos llevarán al 80% de los resultados, y no al revés.
¿Cuántas horas invertimos en actividades que no generan
valor?
¿Cuántas reuniones pudieron ser un correo electrónico?
¿Cuántos pendientes atendemos únicamente porque son
urgentes, pero no importantes?
El verdadero reto consiste en identificar cuáles son esas
pocas actividades que realmente hacen crecer un negocio, generan ventas,
fortalecen una relación con un cliente o desarrollan nuestras capacidades.
La productividad no consiste en hacer muchas cosas.
Consiste en hacer las cosas correctas.
Cada día deberíamos preguntarnos:
¿Estoy invirtiendo mi tiempo en el 20% que transforma mis
resultados o en el 80% que únicamente consume mi energía?
La respuesta puede cambiar el rumbo de nuestra vida
profesional.
2. Ley de Wilson: para aprender, primero tendrás que
dejar atrás tu ego
Vivimos en una época donde el conocimiento cambia todos los
días. Lo que ayer era una ventaja competitiva, mañana puede convertirse en una
habilidad básica.
Por eso, la Ley de Wilson nos recuerda una gran verdad:
Tendrás que dejar de lado tu ego y tus creencias cuando
estés aprendiendo algo nuevo.
Parece sencillo, pero es uno de los mayores obstáculos del
crecimiento.
Muchas personas no aprenden porque creen que ya saben.
Otras rechazan nuevas ideas simplemente porque contradicen
lo que han hecho durante años.
Pero el aprendizaje exige humildad.
Significa aceptar que alguien más puede enseñarnos.
Que existen mejores formas de hacer las cosas.
Que el mundo cambia constantemente y nosotros debemos
evolucionar con él.
Hoy ocurre con la inteligencia artificial.
Mientras algunos siguen diciendo que "eso no
sirve", otros están aprendiendo a utilizarla para vender más, trabajar
mejor y ser mucho más productivos.
La diferencia no está en la tecnología.
Está en la actitud.
Quien deja el ego a un lado, siempre encontrará una
oportunidad para crecer.
3. Ley de Murphy: aquello que más temes tiene muchas más
posibilidades de ocurrir
Todos tenemos miedos.
Perder un cliente.
Fracasar en un proyecto.
Cometer un error importante.
Que las ventas bajen.
Que algo salga mal.
La Ley de Murphy nos invita a mirar esos temores desde otra
perspectiva.
Aquello que más temes que suceda tendrá muchas más
posibilidades de ocurrir.
No porque exista una fuerza misteriosa que atraiga los
problemas.
Sino porque muchas veces aquello que evitamos pensar es
precisamente lo que dejamos de preparar.
Los grandes líderes no viven preocupados.
Viven preparados.
Analizan riesgos.
Diseñan planes alternativos.
Prevén escenarios.
Y cuando los problemas llegan, responden con serenidad
porque ya habían considerado esa posibilidad.
Ignorar un riesgo no hace que desaparezca.
Prepararse para él sí puede evitar que se convierta en una
crisis.
4. Ley de Kidlin: escribir el problema significa que la
mitad ya está resuelta
Existe una herramienta extraordinariamente sencilla que muy
pocas personas utilizan.
El papel.
La Ley de Kidlin afirma que:
Si escribes el problema que tienes, la mitad ya está
resuelta.
Cuando los problemas permanecen únicamente en nuestra mente,
suelen verse enormes.
Se mezclan con emociones, preocupaciones y pensamientos
negativos.
Pero cuando los escribimos ocurre algo extraordinario.
Comenzamos a ordenar las ideas.
Identificamos las verdaderas causas.
Descubrimos qué sí depende de nosotros.
Y muchas veces encontramos la solución mientras terminamos
de redactar el problema.
Escribir obliga a pensar con claridad.
Y pensar con claridad siempre facilita actuar correctamente.
Por eso, antes de pedir consejo, antes de desesperarte o
antes de rendirte, toma una hoja de papel y responde una sola pregunta:
¿Cuál es exactamente el problema que quiero resolver?
Te sorprenderá descubrir cuánto cambia la perspectiva.
5. Ley de Patton: cuando no sea necesario tomar una
decisión, no la tomes de forma apresurada
Vivimos bajo una presión constante por responder
inmediatamente.
Responder mensajes.
Responder correos.
Responder llamadas.
Responder propuestas.
Y también decidir rápidamente.
Sin embargo, la Ley de Patton nos deja una reflexión
extraordinaria:
Cuando no sea necesario tomar una decisión, no la tomes
de forma apresurada.
No toda decisión exige velocidad.
Muchas requieren reflexión.
Información.
Análisis.
Y, sobre todo, paciencia.
Las decisiones impulsivas suelen estar influenciadas por el
miedo, el enojo, la presión o la emoción del momento.
Las decisiones inteligentes nacen de la calma.
Saber esperar también es una habilidad de liderazgo.
Porque decidir demasiado pronto puede ser tan costoso como
decidir demasiado tarde.
La experiencia enseña que, cuando el tiempo lo permite,
pensar unos minutos más puede evitar meses de arrepentimiento.
La diferencia entre reaccionar y dirigir tu vida
Estas cinco leyes tienen algo en común.
Nos invitan a dejar de actuar por impulso y comenzar a
actuar con estrategia.
Nos recuerdan que no siempre gana quien más trabaja, sino
quien mejor administra su tiempo; que el ego limita el aprendizaje; que
prepararnos para los riesgos nos hace más fuertes; que escribir nuestros
problemas nos ayuda a resolverlos y que la paciencia también forma parte de la
inteligencia.
En un entorno donde todo parece urgente, estas leyes nos
obligan a detenernos para pensar.
Y esa, quizá, sea la mayor ventaja competitiva que una
persona puede desarrollar.
Porque al final, el éxito no depende únicamente del talento,
del dinero o de la suerte.
Depende, sobre todo, de la calidad de las decisiones que
tomamos cada día.
Lic. Pablo Corona
Impulsa y Crece
"El crecimiento comienza cuando aprendemos a pensar
diferente."
